miércoles, abril 13, 2005

ohhh mandarina

Recientemente una amiga me admitió que coincidía conmigo en que la mandarina no era un injerto. Lo cual tanto el día que lo dijo como hoy me parece una auténtica blasfemia. Como se le puede ocurrir a alguien pensar algo así de la mandarina. El fruto más perfecto que jamás haya existido. Piénsenlo detenidamente para empezar, la cáscara, que a pesar de ser resistente y preservar con gran eficacia el interior del cítrico, permite acceder a ella solo con la ayuda de las manos, algo que no permite ni el limón, ni el pomelo. Además esta primera capa de protección no es un elemento sustentante arquitectónicamente hablando, en cuanto a la estructura interna de esta, ni tampoco esta unida al interior de la fruta. Lo que permite que sea extraída con facilidad y sin desarmar la fruta y sin ocasionar una hemorragia en esta, como ocurre con la naranja o la sandía. Que tienen grandes pérdidas de fluidos cuando son despojadas de su capa protectora, comúnmente denominada “la cáscara”. Asimismo existe una segunda capa que recibe coloquialmente el nombre de “pielcita” que cumple las función de retención de fluidos, pero que es ingerible por lo cual no necesitamos extraerla de la fruta para poder comerla, pero la función que cumple esta capa retentiva con respecto a la estructura interna de la fruta es en mi opinión lo más destacable de toda la fruta y lo que me lleva a tenerla en tan alta consideración.
Esta “pielcita” no solo rodea la fruta en su superficie exterior sino que además la atraviesa con recorridos concéntricos y verticales unas 4 veces,
//aunque puede haber excepciones con respecto a este numero es irrelevante a la función que cumple//
De esta forma de divide la fruta en aproximadamente 8 gajos autónomos íntegramente rodeados de esta “pielcita” lo que les proporciona una subestructura individual. Esta característica nos lleva a una de las prestaciones más admirables de este cítrico y prueba irrefutable de que la Mandarina no es un injerto. Y es: la condición solidaria de la mandarina. Por su estructura la mandarina es la fruta más fácil de compartir. Y no me extrañaría que el hombre aprendiese a compartir en el momento en que conoce la mandarina. Esta fruta insita a ser compartida con los demás. Esta es la razón fundamental por la que la mandarina no pudo haber sido diseñada por el hombre, porque la mandarina fue hecha para ser compartida.

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