viernes, mayo 19, 2006

Crónica de un secuertro

Por lo menos hoy no tengo ninguna duda sobre el tema del post, dado que en todo el día y aun en contra de mi voluntad, no he hecho otra cosa.
En el sitio donde circunstancialmente me a tocado estudiar, (y que conste que no me refiero a el como “MI centro de estudios” para no crear confusiones sobre mi condición de apego a él, según el léxico que utilizo.) Organizaban una excursión a Almagro. Un sitio lleno de cultura, y con una famosa corrala. Nos vendieron la excursión como una actividad imprescindible para complementar nuestra formación que esta orientada hacia las representaciones escénicas. Ya con algunas dudas sobre lo útil y fructífera que podría resultar la actividad, me subo a un autobús. A dos horas por carretera de poder arrepentirme, nos informan de las actividades de la jornada. Y la gran cantidad de tiempo libre entre las únicas dos actividades programadas, sin duda consigue llamar mi atención.
Sobre las 12:30 llegamos a un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Rápidamente e irónicamente sin “tiempo que perder” nos desplazamos a una...
Taberna donde mientras tomamos la primera caña, esperamos a que nos den la entrada a un ¿Museo? Con algunas maquetas de teatros y algún que otro traje.
Sin más pena ni gloria, y habiendo estado en el museo tiempo más que suficiente, continuamos nuestra educativa jornada con un tinto de verano y algunas berenjenas en la plaza del pueblo. Así entre cañas y raciones, nos enfrentamos a las cuatro horas que teníamos hasta la actividad estrella de la jornada, La VISITA DRAMATISADA A LA CORRALA DE COMEDIAS DE ALMAGRO. (25min)
Lo curioso fue que a pesar de ser estudiantes con un especial interés en las artes escénicas, razón por la cual realizábamos esa excursión. La visita no fue muy diferente de la que cualquier grupo escolar de la E.S.O podía haber realizado. Muy entretenida y original pero pobre en cuanto a lo que a los menesteres de la regiduría se refiere.
Con esto y otro rato (1 hora) de ocio y distendimiento, nos montamos en el bus para llegar a Madrid hora y media más tarde. Y así una vez en casa podemos abrazar a nuestros familiares y pensar que la pesadilla ha terminado.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Genial crónica de un secuestro,una mezcla entre intriga e ironía muy divertida. ¡Pero menos mal que ya estás sano y salvo!